lunes, 23 de octubre de 2017

JESUS NUESTRO SUMO SACERDOTE

  

Mientras en el Santuario Celestial está por terminar el juicio investigador, Aquí en la tierra el pueblo de Dios debe estar en solemne expectativa, porque el juicio comenzó en 1844, (según Daniel 8:14,) por los justos muertos desde la primera generación. 
No sabemos, en que momento pasarán los nombres de los vivos de esta generación, por tanto, no descuidemos nuestra preparación ni la predicación de estas verdades ignoradas por millones de cristianos en todo mundo. (Porque el hijo del hombre vendrá a la hora que no pensáis San Mateo 24:44)
Leamos el siguiente articulo inspirado de Elena de White:

JESÚS, NUESTRO SUMO SACERDOTE (La Recompensa)

«Ve por los senderos y detrás de los arbustos y a cualquiera que veas, insístele que venga para que la casa esté llena». Lucas 14: 23, NTV

NO ES FÁCIL ser un cristiano, aprobado y guiado por Dios. El Señor me mostró a algunos que dicen profesar la verdad presente y cuya vida no está en armonía con lo que profesan. Tienen una norma de piedad por demás baja, y les falta mucho para tener la santidad de la Biblia. Algunos siguen una conducta vana e inconveniente, y otros ceden al engreimiento. No esperemos reinar con Cristo en la gloria si satisfacemos nuestro gusto, viviendo y obrando según el mundo, disfrutando de sus placeres y gozándonos en la compañía de los incrédulos.
Tenemos que participar aquí de los sufrimientos de Cristo, si queremos disfrutar su gloria. Si procuramos nuestros propios intereses y placeres en vez de agradar a Dios y hacer prosperar su valiosa causa, deshonramos a Dios y a la santa causa que profesamos amar. Nos queda muy corto tiempo para trabajar en el servicio de Dios. Nada debe parecemos demasiado costoso para la salvación de la desgarrada grey de Jesús. Quienes pacten ahora con Dios por medio del sacrificio pronto serán reunidos en la patria celestial para recibir una rica recompensa y poseer el nuevo reino por siempre y para siempre.
Vivamos enteramente para el Señor, y demostremos por nuestra ordenada conducta y consagrada conversación que hemos estado con Jesús y somos sus humildes discípulos. Debemos trabajar mientras dure el día, porque cuando llegue la tenebrosa noche de tribulaciones y angustias, será demasiado tarde para trabajar por Dios. Jesús está en su santo templo y ahora aceptará nuestros sacrificios, nuestras oraciones y la confesión de nuestras faltas y pecados, y perdonará todas las transgresiones de Israel, a fin de que queden borradas antes de que él salga del santuario. Entonces los santos y justos seguirán siendo santos y justos, porque todos sus pecados habrán quedado borrados, y ellos recibirán el sello del Dios vivo; sin embargo, quienes sean injustos e impuros, seguirán siendo también injustos e impuros, porque ya no habrá en el santuario sacerdote que ofrezca ante el trono del Padre las oraciones, sacrificios y confesiones de ellos. Por lo tanto, lo que deba hacerse para salvar almas de la inminente tormenta de ira, ha de ser hecho antes de que Jesús salga del Lugar Santísimo del santuario celestial.— Primeros escritos, cap. 7, pp. 70-71.

miércoles, 4 de octubre de 2017

LOS SANTOS DE ROMA

Lección 1 | Miércoles 4 de octubre 2017 | Los “santos” de Roma | Escuela Sabática


Miércoles 4 de octubre
LOS “SANTOS” DE ROMA
Este es el saludo de Pablo a la iglesia de Roma: “A todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo” (Rom. 1:7). ¿Qué principios de verdad, de teología y de fe podemos obtener de estas palabras?
Amados de Dios. Si bien es cierto que Dios ama al mundo, Dios ama especialmente a los que lo han elegido, a aquellos que han respondido a su amor.
Lo vemos en la esfera humana. Amamos de una manera especial a los que nos aman; con ellos hay un intercambio de afecto mutuo. Y el amor exige respuesta; cuando no se recibe respuesta, el amor no alcanza su máxima expresión.
Llamados a ser santos. En algunas traducciones, la frase “a ser” está en cursiva; esto quiere decir que los traductores han añadido esas palabras. Sin embargo, el significado queda intacto si omitimos estas palabras. Al omitirlas, nos queda la expresión “llamados santos”; es decir, “declarados santos”.
Santos es la traducción del griego hagioi, que literalmente significa “sagrados”. Y sagrado significa “dedicado”. Un santo es alguien que ha sido “apartado” por Dios. Todavía puede tener un largo camino por recorrer en la santificación, pero el hecho de que esta persona haya escogido a Cristo como Señor es lo que lo declara santo, según el significado bíblico del término.
Pablo dice que fueron “llamados a ser santos”. ¿Quiere decir esto que algunos no son llamados? ¿De qué modo Efesios 1:4, Hebreos 2:9 y 2 Pedro 3:9 nos ayudan a entender lo que Pablo quiere decir?
La buena nueva del evangelio es que la muerte de Cristo fue universal; fue para todos los seres humanos. Todos han sido llamados a ser salvos en él, “llamados a ser santos” incluso antes de la fundación del mundo. La intención original de Dios era que toda la humanidad hallara salvación en Jesús. El fuego final del infierno era solo para el diablo y sus ángeles (Mat. 25:41). El hecho de que algunos no aprovechen lo que se les ofrece no opaca la maravilla del regalo, así como alguien que hace una huelga de hambre en un mercado tampoco opaca las maravillosas bondades que se encuentran allí.
Incluso antes de la fundación del mundo, Dios te llamó a tener salvación en él. ¿Por qué no debes permitir que nada, absolutamente nada, te impida aceptar ese llamado?

INFORMACIÓN IMPORTANTE. (Profecía Bíblica)

Hay información muy importante en estos devocionales con referencia a las profecías y lo que esta pasando ahora mismo en el mundo. Lee y comparte. Es urgente nuestra preparación. RQP

“¡Mira! Yo estoy a la puerta y llamo. Si oyes mi voz y abres la puerta, yo entraré y cenaremos juntos como amigos” (Apocalipsis 3:20, NTV).

El 4 de octubre de 1949 se dedicaba oficialmente la sede permanente de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York, Estados Unidos.

La ONU es la mayor organización internacional existente. Es una asociación de gobierno global que facilita la cooperación en asuntos como el derecho internacional, la paz y la seguridad internacional, el desarrollo económico y social, los asuntos humanitarios, y los derechos humanos.

Se encuentra en la vecindad de Turtle Bay, parte oriental del Midtown de Manhattan. Aunque está en la ciudad de Nueva York, el lugar ocupado por esta sede se considera territorio internacional. Por razones de seguridad, todo correo enviado a esta dirección es esterilizado. La Administración Postal de las Naciones Unidas emite sellos, con los que deben ser franqueados todos los elementos enviados desde el edificio. Los periodistas acreditados, cuando informan desde el complejo, no deben utilizar Nueva York como identificación de su localización, en reconocimiento de su estatus de extraterritorialidad.

El edificio es imponente y la estructura era avanzada para su época. Cuando pienso en la sede de la ONU, recuerdo la pintura de Harry Anderson, artista adventista mundialmente conocido, titulada “Príncipe de Paz”. Representa a Cristo parado frente al edificio de la ONU, llamando a la puerta de esta institución, mostrando su interés en los asuntos mundiales. Para Anderson, Cristo, como Príncipe de paz, es el único que puede llevar verdadera paz a todas las naciones.

Anderson está haciendo alusión aquí al verdadero objetivo de la ONU, que se formó luego de la Segunda Guerra Mundial con el objetivo de que no haya más guerras. Viendo lo que sucedió después y el panorama político-militar actual, la ONU no ha logrado su objetivo, por más buenas intenciones que haya tenido. Nos podríamos preguntar, entonces, si habrá sido porque finalmente Cristo no pudo entrar en este organismo. Las naciones más poderosas del mundo han querido tomar el mundo en sus manos para solucionar sus problemas, pero ha sido en vano.

Es que no existe solución humana para el problema de este mundo. Solo Cristo puede traer sanidad a la gran enfermedad del pecado que nos aqueja. Mientras Cristo siga llamando a la puerta sin poder entrar, este mundo irá a su perdición.

Pero nosotros no necesariamente tenemos que seguir el mismo destino. Hay salvación individual. El Apocalipsis nos presenta a Cristo a la puerta, pero no ya de las Naciones Unidas, sino de nuestro corazón. Él está a la puerta y llama. ¿Le abrirás tu corazón hoy y cenarás con él, como amigos queridos? 


Miércoles 4 de octubre 2017 | Devoción Matutina para Damas | Deja que el hijo brille

“Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro y ponga en ti paz” (Núm. 6:25, 26).

La Organización Mundial de la Salud informó en 2012 que unos 350 millones de personas en todo el mundo sufren de depresión. Yo comencé a padecer de depresión clínica en 1998, luego de una serie de eventos que cambiaron mi vida. Cuando comencé a trabajar con mis hermanas de todo el mundo en el Ministerio de la Mujer en 2001, empecé a darme cuenta de que necesitamos abordar con seriedad la problemática de la depresión.
Al mirar atrás, a mi trayectoria con la depresión, veo muchos días oscuros; días en los que pensé que el sol nunca volvería a brillar. A menudo pensé que nadie me entendía ni a nadie le importaba mi persona. Pero Dios ha sido bueno conmigo; tan bueno, que no puedo evitar alabarlo. El versículo de hoy habla a mi corazón porque en mis días oscuros, cuando no podía sentir la presencia de Dios, sabía que él todavía estaba conmigo, mirándome. Sabía que el rostro de Dios veía mi cara, mi dolor, mi lucha.
Como mujeres, solemos enfrentar la vida basándonos en sentimientos. Muchas cosas se basan en lo que sentimos: qué comemos, la ropa que vestimos, las personas con las que nos relacionamos, las decisiones que tomamos día a día… Pero en mi viaje espiritual he aprendido a dejar de lado mis sentimientos; los sentimientos pueden engañarnos. Aprendí a concentrarme en lo que sé que es cierto, incluso aunque no pueda sentirlo. En mis días oscuros, cuando no puedo sentir la presencia de Dios, recuerdo las palabras de Jesús: “Les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo” (Mat. 28:20, NVI).
Cuando no puedo sentir a Dios, me vuelvo a lo que sé que es cierto: que él está conmigo. Él me ve. Él se preocupa. Él me ama. Él comparte mi carga y mi dolor. ¿Y tú? ¿Te has sentido decepcionada con Dios, porque parecía no escuchar tu clamor? Querida hermana: no dependas de lo que sientes; depende de lo que sabes que es cierto. Vuélvete a la Palabra de Dios y reclama sus promesas, tales como Salmo 27:10; Isaías 41:10; Juan 14:1 y 1 Pedro 5:7. Memorízalas, de modo que cuando Satanás te acose con pensamientos negativos, el Espíritu Santo pueda recordarte promesas positivas de la Palabra.
Recuerda: no estás sola ni te falta ayuda. El rostro de Dios brilla sobre ti.
Heather-Dawn Small

Miércoles 4 de octubre 2017 | Devoción Matutina para Adultos | Figura del celestial

JESÚS, NUESTRO SUMO SACERDOTE
«Ahora bien, el primer pacto tenía reglamentos acerca del culto y del santuario terrenal». Hebreos 9: 1, RVA15


TAMBIÉN SE ME MOSTRÓ en la tierra un santuario con dos departamentos.
Se parecía al del cielo, y se me dijo que era una figura del celestial. Los muebles del primer departamento del santuario terrenal eran como los del primer departamento del celestial. El velo estaba levantado, miré el interior del Lugar Santísimo y vi que los objetos eran los mismos que los del Lugar Santísimo del santuario celestial. El sacerdote oficiaba en ambos departamentos del terrenal. Entraba diariamente en el primer departamento, y solo una vez al año en el Lugar Santísimo para purificarlo de los pecados allí transmitidos. Vi que Jesús oficiaba en ambos departamentos del santuario celestial. Los sacerdotes entraban en el terrenal con la sangre de un animal como ofrenda por el pecado. Cristo entró en el santuario celestial por la ofrenda de su propia sangre. Los sacerdotes terrenales eran relevados por la muerte y, por lo tanto, no podían oficiar mucho tiempo; pero Jesús es sacerdote para siempre. Por medio de las ofrendas y los sacrificios llevados al santuario terrenal, los hijos de Israel habían de compartir los méritos de un Salvador futuro. Y la sabiduría de Dios nos dio los pormenores de esta obra para que, considerándolos, comprendiéramos la obra de Jesús en el santuario celestial.
Al expirar Jesús en el Calvario exclamó: «¡Consumado es!» (Juan 19: 30), y el velo del templo se rasgó de arriba abajo en dos mitades, para demostrar que los servicios del santuario terrenal habían acabado para siempre y que Dios ya no vendría al encuentro de los sacerdotes de ese templo terrenal para aceptar sus sacrificios. La sangre de Cristo fue derramada entonces e iba a ser ofrecida por él en el santuario celestial. Así como el sacerdote entraba una vez al año en el Lugar Santísimo para purificar el santuario terrenal, también Jesús entró en el Lugar Santísimo del celestial al fin de los 2,300 días de Daniel 8, en 1844, para hacer la expiación final por todos los que pudieran recibir el beneficio de su mediación, y purificar de este modo el santuario. […]
Encima del lugar donde estaba Jesús ante el arca, había una brillante gloria que no pude mirar. Parecía el trono de Dios. Cuando el incienso ascendía al Padre, la excelsa gloria bajaba del trono hasta Jesús, y de él se derramaba sobre aquellos cuyas plegarias habían subido como suave incienso.— Primeros escritos, cap. 58, p. 305.


domingo, 1 de octubre de 2017

CREER LO INCREIBLE

Creer lo increíble
    
Por Moisés Mayán

Regresa y dile a Ezequías, el líder de mi pueblo: "Esto dice el Señor,
Dios de tu antepasado David: He oído tu oración y he visto tus
lágrimas. Voy a sanarte y en tres días te levantarás de la cama e irás
al templo del Señor".
2 Reyes 20: 5 (Nueva Traducción Viviente)

El rey está enfermo. Los médicos cabizbajos se amontonan alrededor de
su cama. Todos los tratamientos parecen fracasar. Familiares y
cortesanos comienzan a prepararse para lo peor. Entonces llega el
profeta Isaías. Un hombre de espaldas anchas y barba enmarañada que
sostiene un bastón nudoso en su mano. Mientras remonta las escaleras
de piedra hasta la alcoba del monarca, en el palacio estallan los
cuchicheos. Un profeta que visita a un rey en su lecho de sufrimiento,
es casi un seguro de vida. Sin embargo, al contrario de lo que piensa
la mayoría, el siervo de Dios es portador de una sentencia de muerte:
"Ordena tu casa que morirás y no vivirás".

No hay más explicaciones. Las palabras sobrevuelan el cuerpo marchito
del rey como aves de rapiña. Es una profecía. Un dictamen de la propia
boca de Dios. Se trata de un caso perdido. ¿Qué se puede hacer?
Ezequías no se resigna, manda a salir a todos de la habitación, y como
un niño, voltea el rostro contra la pared. Llora amargamente y
reclama, repasando en voz alta su hoja de servicios. Está desesperado
y apela a todos sus recursos. No tiene tiempo que perder. Isaías frena
en seco antes de llegar a la puerta del palacio. Dios ha cambiado su
veredicto. El profeta regresa por su camino, pisando con determinación
los escalones de piedra.

El nuevo dictamen es tan bueno que resulta increíble: "A los 3 días,
el rey estará completamente restablecido para vivir 15 años más;
Asiria dejará de ser un peligro para los israelitas, y Dios mismo
protegerá a su pueblo". Esto es demasiado para un moribundo. Ahora
quien está sentenciada es la enfermedad. Le quedan solo 72 horas. "Ah,
olvidé decirle que pongan emplastos de higos sobre las escaras",
vuelve a apuntar el profeta. Como es lógico, Ezequías no lo puede
creer. Necesita una prueba. Su fe se ha resentido tanto que le cuesta
aceptar el milagro. Sabe que Isaías es un profeta verdadero, conoce
perfectamente que Dios no miente, pero aun así no consigue celebrar su
curación. En pocos minutos ha pasado de una sentencia de muerte a un
bono de salud, libertad y prosperidad.

Dios comprende las dudas del soberano, y decide además, otorgarle una
suerte de certificado de autentificación del milagro. Atrasar el
tiempo diez grados. En todos los relojes de sol del país la sombra
retrocede, y Ezequías, completamente restablecido, vuelve a ocupar el
trono. La profecía mortal se desvaneció en el aire.

El dolor continuo en muchas ocasiones carcome la fe. El aparente
silencio de Dios nos erosiona. La esperanza se convierte en una línea
cada vez más delgada, y nuestro esqueleto espiritual se oxida.
Transcurren los días, meses, años, y los problemas perduran, las
enfermedades se vuelven crónicas, el milagro esperado se posterga, las
oraciones parecen rebotar contra el techo y nuestras plataformas
interiores se estremecen. Lo innegable es, que la mayoría de nosotros
no somos titanes. Somos simplemente seres de carne y hueso, frágiles
criaturas que dependemos de Dios mucho más de lo que estamos
dispuestos a reconocer.

Mi deber es decirles que el milagro llega, a veces demora, pero
siempre se produce. Quizás nos encuentre en estado de postración
espiritual, quizás una palabra de fe no nos baste, quizás una profecía
no sea suficiente, entonces abrocha tus cinturones de seguridad porque
vas a viajar en el tiempo. Dios está dispuesto a hacer lo que sea para
reconstruir tu fe, para recuperar tu amor, para que vuelvas a creer en
lo increíble. Hoy, mientras lees esta meditación, es posible que los
relojes de los cielos se detengan, que la sombra retroceda, y una
fórmula sencilla, o un tratamiento natural comiencen a aliviar tu
sufrimiento; es la forma que Dios tiene de confirmar que ya el milagro
que tanto soñaste está ocurriendo.

Domingo 1ro de octubre de 2017

Matutinas para adultos, damas y jovenes.

ATENCIÓN! el devocional de jóvenes para hoy, contiene datos importantes sobre Alejandro Magno y las profecías de Daniel.

Domingo 1 de octubre 2017 | Devoción Matutina para Adultos | El pilar central del adventismo

JESÚS, NUESTRO SUMO SACERDOTE

«¿Cuánto más va a durar esta visión del sacrificio diario, de la rebeldía desoladora, de la entrega del santuario y de la humillación del ejército?». Daniel 8: 13, NVI

EL PASAJE BÍBLICO que más que ninguno había sido el fundamento y el pilar central de la fe adventista era la declaración: «Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado» (Daniel 8:14). Estas palabras habían sido familiares para todos los que creían en la próxima venida del Señor. La profecía que encerraban era repetida como santo y seña de su fe por miles de bocas. Todos sentían que sus esperanzas más gloriosas y más queridas dependían de los acontecimientos en ella predichos. Había quedado demostrado que aquellos días proféticos terminaban en el otoño del año 1844. En común con el resto del mundo cristiano, los adventistas creían entonces que la tierra, o alguna parte de ella, era el santuario. Entendían que la purificación del santuario era la purificación de la tierra por medio del fuego del último día, y que ello se verificaría en el segundo advenimiento. De ahí que concluyeran que Cristo volvería a la tierra en 1844.

Pero el tiempo señalado había pasado, y el Señor no había aparecido. Los creyentes sabían que la Palabra de Dios no podía fallar; su interpretación de la profecía debía estar pues errada; pero, ¿dónde estaba el error? Muchos cortaron sin más ni más el nudo de la dificultad negando que los 2,300 días terminaban en 1844. Esta afirmación no podía apoyarse con prueba alguna, a no ser con la de que Cristo no había venido en el momento en que se le esperaba. Se alegaba que si los días proféticos hubieran terminado en 1844, Cristo habría vuelto entonces para limpiar el santuario mediante la purificación de la tierra por fuego, y que como no había venido, los días no podían haber terminado. […]

Pero Dios había dirigido a su pueblo en el gran movimiento adventista; su poder y su gloria habían acompañado la obra, y él no permitiría que esta terminara en la oscuridad y en un chasco, para que se la cubriera de oprobio como si fuera una mera emoción mórbida producto del fanatismo. No iba a dejar su Palabra envuelta en dudas e incertidumbres. […]

Encontraron en la Biblia una explicación completa de la cuestión del santuario, su naturaleza, su situación y sus servicios; pues el testimonio de los escritores sagrados era tan claro y tan amplio que despejaba este asunto de toda duda.— El conflicto de los siglos, cap. 24, pp. 405-407.


Domingo 1 de octubre 2017 | Devoción Matutina para Damas | En las palmas de mis manos


“Porque el Señor […] tiene compasión de sus pobres. […] Grabada te llevo en las palmas de mis manos; tus muros siempre los tengo presentes” (Isa. 49:13,16, NVI).

Las relaciones son tesoros muy frágiles. Pueden fallar por diferentes razones: un malentendido, un conflicto sin solución, un miedo originado en relaciones pasadas… Todo esto debilita una nueva inversión en la intimidad. Aveces,

una persona hiere a otra tendiéndole trampas y engaños. Por estas y muchas otras razones es que amistades, sociedades laborales, matrimonios y familias se disuelven.

Trabajar con mujeres de diferentes culturas me ha ayudado a entender cómo enfrentar el dolor causado por estas experiencias de ruptura; y cómo recuperarse del quebranto y aceptar que se puede utilizar el dolor para bendecir a otras mujeres. He aprendido que cuando una relación significativa falla, una parte de nosotras muere con ella. Cuando nuestras relaciones se rompen, nuestros corazones también se resquebrajan. Estamos de duelo. Buscamos maneras de entender qué sucedió. Queremos saber cuál fue el error. Y anhelamos encontrar sanidad para nuestro corazón roto.

Parte del proceso de sanidad que necesitamos para recuperarnos de una relación rota es experimentar la compasión de Dios y su fidelidad para con nosotras. “Cada mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad!” (Lam. 3:23, NVI). Dios no nos dejará ni nos olvidará. Cuando nuestras pérdidas nos abruman, podemos acudir a él para obtener ánimo y compasión. Dios promete nunca olvidarnos. “He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros” (Isa. 49:16). Me gusta la frase: “Delante de mí están siempre tus muros”. Estos muros representan los muros de Jerusalén, que fueron destruidos completamente en la época de Isaías. Para afirmarnos con palabras de esperanza, Dios dice que tiene presentes incluso nuestros muros: nuestro dolor, nuestras pérdidas, nuestros miedos, nuestro quebrantamiento, nuestra preocupación y nuestro sufrimiento. ¡Qué promesa tan poderosa! Dios ve nuestros muros. Dios sabe. Dios se preocupa.

Ya que tenemos tan buenas nuevas, ¿cómo podemos compartirlas con las mujeres quebrantadas que nos rodean? Podemos alcanzarlas con compasión y comprensión. Que la próxima vez que una persona quebrantada se acerque a las puertas de nuestra iglesia o de nuestro ministerio, pueda sentir nuestra compasión, nuestra comprensión y la cálida bienvenida que Jesús le está dando. Sueño con que, al crecer en su gracia, hagamos nuestro el ministerio de reflejar su amor y compasión ante quienes nos rodean.


Domingo 1 de octubre 2017 | Devoción Matutina para Jóvenes | Alejandro se reconoce en la profecía


“Cuando este caiga, un tercer reino, representado por el bronce, surgirá para gobernar el mundo” (Daniel 2:39, NTV).

La batalla del 1° de octubre de 331 a.C., en Gaugamela, en la ribera del río Bumodos, entre el ejército persa, a las órdenes de su rey Darío III, y el ejército macedonio, bajo Alejandro Magno, escribió historia… Y también hizo historia profética. Marcó el final del Imperio Persa, y es considerada una obra maestra de la táctica militar y la mayor victoria de Alejandro (las fuerzas persas superaban a su ejército al menos diez a uno).

Desaparecía el Imperio Medo-Persa y comenzaba la hegemonía mundial del Imperio Griego, como las profecías de Daniel lo habían indicado siglos antes.

Durante esta campaña, Alejandro se desvió al sur, y conquistó Tiro y luego Egipto, pasando por la actual Israel. La primera interacción entre Alejandro y los judíos quedó registrada en el Talmud (Yomá 69a) y en el libro Antigüedades de los judíos, del historiador judío Flavio Josefo. En ambos, el sumo sacerdote del Templo de Jerusalén, temiendo que Alejandro destruyera la ciudad, salió a su encuentro antes de que llegara. Flavio Josefo narra este encuentro:

“Alejandro, al contemplar desde lejos […] al sumo sacerdote con […] el turbante en la cabeza y la plancha de oro en su frente en la que estaba escrito el nombre de Dios, se acercó solo y, antes de saludar al sacerdote, veneró este nombre. […]

Los reyes de Siria y los restantes se admiraron, y sospecharon que Alejandro había perdido el espíritu. […] ‘No lo adoré a él -dijo Alejandro-, sino al Dios cuyo sumo sacerdocio ejerce. Lo vi en esta forma, en sueños, en Dión de Macedonia, mientras me preocupaba la forma de apoderarme de toda Asia, y me exhortó a que no dudara, y que procediera confiadamente; él conduciría mi ejército y me entregaría el imperio de los persas. […] Creo que mi expedición se ha realizado por inspiración divina […]’. Luego que dio esta respuesta a Parmenio, entró en la ciudad, dando la derecha al sumo sacerdote y seguido de todos los sacerdotes; subió al Templo y ofreció un sacrificio a Dios, de acuerdo con lo prescrito por el sumo sacerdote y dio pruebas de gran respeto al sumo sacerdote y a los sacerdotes. Le enseñaron el libro de Daniel, en el cual se anuncia que el imperio de los griegos destruirá al de los persas; creyendo que se refería a él, satisfecho, despidió a la multitud” (Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos, t. 2, lib. 11, cap. 8, sec. 5).

Con toda certeza, tal como la profecía se cumplió literalmente hasta ahora, el resto también ocurrirá; especialmente la segunda venida de Cristo, que está a las puertas. MB